La medicina de los bosques

Los estudios científicos sobre el poder del shinrin-yoku, la terapia de los «baños de bosque», confirman que el contacto con el verde restaura y potencia la salud corporal y mental.

Textos: Anna Sólyom, facilitadora de cambios vitales

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“Todo el mundo necesita la belleza tanto como el pan, lugares para jugar y meditar donde la naturaleza cura y da fuerza al cuerpo y al alma.”

John Muir

En la película Interstellar de Christopher Nolan (2014), durante el largo viaje entre las estrellas, buscando nuevos mundos para salvar a la humanidad, vemos que estar encerrado en una astronave puede alterar la psique de una persona.

Hay una escena donde el capitán Cooper está caminando en silencio, muy serenamente, mientras escucha algo. Pasa al lado de su compañero Romilly, que está sentado y deprimido en un rincón de la nave y le explica que no puede aguantar más aquel encierro.

Cooper intenta tranquilizarlo con unas pocas palabras, y luego le pasa sus auriculares. Es en este momento cuando oímos qué está escuchando «la banda sonora de la tierra», compuesta por cigarras, lluvia, viento, truenos…

Romilly se pone los auriculares con expresión desconfiada, pero cuando oye qué «música» se está reproduciendo, su rostro se relaja y reencuentra su esperanza y confianza en la misión.

Nuestra relación con la naturaleza siempre ha sido así de elemental y, aunque reconocemos que nuestra supervivencia depende de ella, vivimos en ciudades encerrados entre cuatro muros sin reconectar con nuestro verdadero hogar.

Palidez urbana

Que es vital regresar a la naturaleza para cargar las pilas, desconectando de la estresante vida urbana, no es ninguna novedad. En los siglos pasados, los médicos ya recomendaban estancias en el campo para pacientes con estrés, depresión, problemas de respiración, etcétera.

En nuestra época, la ansiedad se ha sumado a estos síntomas. Como afirmaba el doctor Mazda Adli, profesor de la Universidad Humboldt de Berlín: «si la densidad de población y el aislamiento social van de la mano, el estrés urbano puede acabar desatando enfermedades mentales en la población de riesgo». En su presentación de TED Berlín, este médico explicó que nuestro cerebro no ha evolucionado lo suficiente para vivir en ciudades superpobladas. El profesor opina que la vida urbana acabará afectando a la salud de la humanidad igual o más que el calentamiento global.

VIDA EN EL CAMPO

  • Bajo riesgo de enfermedades mentales.
  • Silencio o sonidos de la naturaleza.
  • Relación con pocas personas, pero con conexiones sociales más profundas.
  • Abundancia del verde.
  • Líneas curvas e irregulares.
  • Niveles bajos de cortisol y de otros muchos indicadores del estrés.

VIDA EN LA CIUDAD

  • Mayor riesgo de enfermedades mentales.
  • Ruido y crispación.
  • Conexión con multitudes, pero vivimos rodeados de desconocidos.
  • Ausencia del color verde y supremacía del gris.
  • Aristas y líneas rectas.
  • Cortisol (hormona del estrés) elevado.

Héctor García – Francesc Miralles: Shinrin-yoku

El color dominante de las ciudades, el gris, empalidece nuestro ánimo. Según las evidencias obtenidas en los estudios sobre los beneficios del color verde, incluso en entornos de oficina, poner plantas y pósters con tonos verdes ayuda a aliviar el estrés.

Del mismo modo, las líneas rectas de los entornos urbanos, tan opresivas y ordenadas, resultan extenuantes y estresantes para nuestro cerebro.

«Las aristas y las líneas rectas nos parecen amenazadoras porque, inconscientemente,las percibimos como algo ajeno a la naturaleza, que podría lastimarnos o ser peligroso»,explican Héctor García y Francesc Miralles en su nuevo libro, ShinrinYoku, El arte japonés de los baños de bosque.

Antoni Gaudí, el creador del templo de la Sagrada Familia,fue el primer arquitecto moderno en volver a los orígenes: dejó de utilizar las líneas rectas del hombre, y volvió a construir con las líneas curvas de la naturaleza «de Dios», en sus propias palabras.

Vagabundos de los bosques

En los siglos pasados encontramos a grandes filósofos y naturalistas que ya intentaron despertar nuestra consciencia a la importancia de reconectar con la naturaleza.

El filosofó francés Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) estaba enamorado de la naturaleza: «He amado siempre, apasionadamente, el agua, y su vista me lanza a un sueño delicioso. Al levantarme, cuando hacía buen tiempo, no dejaba nunca de correr sobre la terraza para aspirar el aire salobre y fresco de la mañana y contemplar aquel hermoso lago, cuya ribera y las montañas que le rodean encantaban mi vida. No encuentro un homenaje más digno a la divinidad de esa admiración muda que excita la contemplación de sus obras y que no se expresa de una manera material

Henry David Thoreau (1817-1862), escritor y filósofo estadounidense, consideraba que las enfermedades mentales y corporales de la época moderna tenían su origen en el hábito antinatural de encerrarnos entre cuatro paredes y salir del encierro solo para hacer rápidos recados por la ciudad.

Para «curarse», se refugió durante dos años, dos meses y dos días en el bosque junto al lago Walden, para vivir en soledad y trabajar con sus manos. Esta experiencia le regaló todo lo que un ser humano necesita: auténtica libertad y conocimiento de sí mismo.

Cuando volvió a la civilización, publicó su diario con el título Walden: de la vida en los bosques, donde habla de los beneficiosde estar en medio de la naturaleza y de caminar por la frondosidad del bosque, algo que pueden hacer —los beneficios son patentes ya con una escapada por semana— los que viven en la ciudad.

PASEAR PARA DESCONECTAR

«En el paseo de la tarde me gustaría olvidar todas mis tareas matutinas y mis obligaciones con la sociedad. Pero a veces no puedo sacudírmelas fácilmente. Me viene a la cabeza cualquier problema laboral, y ya no estoy conmigo mismo, sino fuera de mí.

Querría volver a ser yo mismo durante mis paseos. ¿Qué pinto en los bosques si estoy pensando en otras cosas? Sospecho de mí mismo, y no puedo evitar un estremecimiento cuando me sorprendo tan concentrado, incluso en lo que llamamos buenas obras, cosa que también sucede a veces.»

Henry David Thoreau

Otro norteamericano, cuya pasión para proteger los bosques creó los primeros parques naturales, fue John Muir (1838-1914). Muir nació en Escocia, y después de emigrar a los EEUU le impresionaron tanto sus paisajes que dedicó toda su vida a protegerlos.

Tal fue su influencia que, hoy en día, John Muir es conocido en los Estados Unidos como «el padre de los Parques Nacionales» y son varias las montañas y picos en diferentes estados que llevan su nombre.

Toda su vida luchó para que el Yosemite se convirtiera en un parque natural protegido. Un momento decisivo fue acompañar a Theodor Roosevelt en una ruta por sus amados bosques. El presidente quedó tan impresionado que quiso conocer al verdadero Yosemite, el corazón de aquel paraíso natural.

Se adentraron en las profundidades de los bosques, andando dos días y una noche, completamente solos.

«El presidente quedó tan impresionado con aquella aventura que dedicó los años siguientes a hacer más estrictas las regulaciones, no solo para proteger Yosemite, sino también otros tesoros naturales de los Estados Unidos», explican Héctor García y Francesc Miralles, que señalan que aquella fue una de sus mejores experiencias de su vida, «Cerca del final de su existencia, Theodore Roosevelt declaró que jamás pudo olvidar aquella noche con John Muir en el corazón de Yosemite.»

UNA CURA INSTANTÁNEA

«Mantente cerca del corazón de la naturaleza y, de vez en cuando, sube una montaña o pasa un fin de semana en los bosques. Así dejarás limpio tu espíritu».

John Muir

El «veneno» natural de lo verde

En 1928 se produjo un descubrimiento revelador gracias al biólogo ruso Boris P. Tokin (1900–1984). Experimentando en su laboratorio, Tokin identificó las sustanciasque liberan las plantas para protegerse.

Estas sustancias son las llamadasfitoncidas, que previenen la putrefacción al ser atacadas por bacterias u hongos, o al ser heridas por insectos o animales.

Por ejemplo, el ajo, un remedio conocido desde la antigüedad, contiene alicina, un tipo de fitoncida muy poderosa que hoy en día forma parte de muchos remedios, tanto naturales como farmacéuticos.

Hay sustancias cuyo efecto es hormético, es decir, son beneficiosas solo en ciertas dosis, ya que, como escribió Paracelso, un médico de la Edad Media,«el veneno está en la dosis

En nuestra vida cotidiana nos exponemos a agentes tóxicos como la contaminación,el alcohol, los excitantes o los alimentos procesados, entre muchos otros, lo que sumado al estrés y la ansiedad ponen en jaque nuestra salud.

Las fitoncidas que desprenden los árboles y plantas contrarrestan esos ataques para nuestra salud, ya que este «veneno» en dosis curativas produce el efecto contrario: aumenta nuestras defensas y nuestro bienestar general.

En Japón, la naturaleza siempre ha sido un pilar esencial de la salud y devoción de los habitantes. No solamente el sintoísmo pone la naturaleza en el centro de la existencia humana, cuyos templos son los bosques donde los practicantes acuden en busca de inspiración. También los templos budistas y monasterios suelen ubicarse en entornos naturales, así como las salas de meditación acostumbran a dar a jardines llenos de árboles.

El nacimiento del shinrin-yoku

La filosofía de regresar a los bosques para curarnos es por lo tanto antigua, pero las investigaciones científicas que empezaron en los años 80 en Japón han llamado la atención de las autoridades sanitarias, hasta convertirlo en tendencia en todo el mundo.

No solo ponen de relieve la importancia de proteger nuestros bosques de una manera más consciente, sino de la necesidad de que los urbanitas retomen el contacto con su hogar natural.

Todo empezó con la pregunta: ¿Por qué los beneficios de estar rodeados de naturaleza son tan manifiestos?

El Ministerio Forestal del Japón encontró las primeras respuestas con el descubrimiento de las explicaciones de Boris Tokin sobre las fitoncidas. En 1982 inició un programa  para demostrar que los «baños de bosque» son beneficiosos para la salud:

«Este programa fue el primero que propuso el uso de la palabra shinrin-yoku, un neologismo en el idioma japonés que combinaba las palabras shinrin «bosque» y yoku «bañarse» en un solo término compuesto. Varios centros de investigación comenzaron a comparar los sujetos que seguían el programa nacional de shinrin-yoku y los que no.

Se publicaron muchos estudios con diferentes resultados, pero siempre a favor de la naturaleza. Los científicos comenzaron a sospechar que el «veneno» de los árboles, las fitoncidas, favorece cambios hormonales que mejoran nuestra salud», explican los autores de Shinrin-yoku.

En los últimos años, los resultados científicos y prácticos han sido tan espectaculares que, primero en Japón y actualmente en todo el mundo, existen bosques y rutas específicas dedicadas a esta actividad preventiva para la salud.

10 GRANDES BENEFICIOS PARA LA SALUD

DEL SHINRIN YOKU DEMOSTRADOS POR LA CIENCIA

  1. Refuerza del sistema inmunitario, especialmente las células NK (“natural killers” en inglés, las células “asesinas naturales”), que combaten directamente las células tumorales.
  2. Contribuye a reducir la presión sanguínea y del ritmo cardíaco.
  3. Reduce los niveles de estrés. Baja los niveles de cortisol, una de las hormonas del estrés.
  4. Promueve la serenidad. Ayuda a que el sistema nervioso sea menos propenso a reacciones de «lucha o huida».
  5. Mejora el estado de ánimo y la sensación general de plenitud.
  6. Potencia la capacidad para concentrarse, incluso en niños con TDAH.
  7. Acelera la recuperación después de operaciones quirúrgicas.
  8. Favorece el buen sueño.
  9. Incrementa la libido y la energía sexual.
  10. Mejora la salud visual.


Héctor García – Francesc Miralles: Shinrin-yoku

¿Cómo practicar el baño de bosque?

El «baño de bosque» es una expresión metafórica que significa perdernos en él y dejar en casa nuestras dependencias: el teléfono móvil, las prisas o incluso la necesidad de llegar a alguna parte.

Se trata de caminar sin pensar hacia dónde vamos, pasear en la espesura con atención plena, es decir, integrarnos en la naturaleza con nuestros cinco sentidos corporales, en lugar de quedar atrapados en nuestra mente.

Esta experiencia de Mindfulnesscon los cinco sentidos se puede llevar a cabo en cualquier parque urbano o en el bosque. Realizando unas respiraciones profundas, nos enfocamos en acompañar nuestra respiración con nuestra atención, mientras nos preguntamos: ¿Qué veo? ¿Qué oigo? ¿Qué huelo? ¿Qué estoy tocando? ¿Qué sabor es ese?

Un paseo por el bosque es además una oportunidad de sumergirnos en la filosofía del wabi-sabi, «la belleza de la imperfección», ya que en la naturaleza nada es recto del todo, nada es para siempre ni está terminado. Todo está en constante cambio y crecimiento.

Para profundizar en la esencia cambiante de lo natural, observar el juego de las luces y sombras que se produce cuando el sol atraviesa las ramas, llamado komorebi en japonés, es penetrar en el arte abstracto creado por la naturaleza.

La filosofía de wabi-sabi

Solo lo imperfecto, solo lo incompleto, solo lo efímero es bello.


«Wabi es la sensación que nos provoca el cielo una tarde de otoño, la melancolía del color, cuando todo sonido ha sido silenciado. Esos momentos en los que, por alguna razón que la mente no puede explicar, las lágrimas comienzan a caer incontrolablemente.»

Kamo no Chomei, poeta de siglo XII.

 

«Wabisignifica originalmente «la tristeza de la pobreza». Pero, poco a poco, ha pasado a denominar una actitud ante la vida, con la que uno trata de resignarse a las condiciones difíciles de su existencia y aprende a ser capaz de encontrar paz y serenidad mental incluso bajo tales circunstancias. Sabi, principalmente un concepto estético, está íntimamente relacionado con wabi, una idea filosófica.»

Makoto Ueda, profesor emérito en la universidad de Stanford

Al regalarnos una «sesión de bosque», los autores de Shinrin-yokunos proponen 5 pasos para disfrutar plenamente de nuestra excursión sanadora:

1) Entrégate totalmente a la experiencia, aquí y ahora. Es decir, renuncia al multitasking, pon tu móvil en modo avión, y aunque estés con compañeros, intenta caminar en silencio, o solamente charlar de temas que no resulten estresantes para nadie.

2) Ten una ruta en la mente, pero deja espacio para la improvisación. Deja que tu curiosidad te guíe, date tiempo para poder sentarte un rato, para andar sin prisas y con toda la libertad para, si prefieres continuar por otro sendero, poder cambiar la ruta a seguir.

3) Respira lenta y profundamente. Siente todo tu ser participando en ello, y deja que tu mente y tu cuerpo se inunden del verdor que te rodea.

4) Deja pasar las nubes mentales, ayudando aque tu ego desaparezca, rindiéndose a la belleza de la naturaleza.

5) Siéntete parte del todo. Puedes practicar el llamado yugen, que es la conciencia de sentirse Uno con las plantas, el bosque que te rodea, y con todos los seres humanos y con todo el universo.

Los diez principios del shinrin-yoku

¿Debo ir hasta un bosque muy lejano para practicar el shinrin-yoku? La verdad es que cualquier bosque y lugar nos sirve, siempre que esté lejos de autopistas y autovías. Es decir, refugiarnos en un espacio natural donde los ruidos «normales y corrientes» de nuestra vida ciudadana no lleguen.

Se trata de encontrar un camino silencioso, rodeado de verde, donde podamos empezar a caminar sin prisas, respirando y escuchando los sonidos del bosque.

QUÉ HACER
DURANTE EL SHINRIN -YOKU

  • Estar consciente y centrado únicamente en la experiencia.
  • Vaciar la mente.
  • Olvidar el tiempo y las urgencias.
  • Caminar relajados, detenernos cuando lo necesitemos, respirar.
  • Hablar sobre lo que se observa en la naturaleza.
  • Buscar espacios de silencio.
  • Anclarnos al presente.
  • Olvidarnos del regreso a casa.

QUÉ NO HACER
DURANTE EL SHINRIN -YOKU

  • Distraerse con el Smartphone (hay que desconectarlo o ponerlo en modo avión).
  • Repasar problemas, compromisos y preocupaciones.
  • Mirar el reloj y tener prisa por completar la ruta.
  • Convertir la caminata en un deporte.
  • Hablar de política, de deportes o de noticias estresantes.
  • Charlar todo el rato.
  • Rumiar sobre el pasado o el futuro.
  • Pensar todo el rato en la vuelta a casa y lo que tenemos que hacer allí.

Héctor García – Francesc Miralles: Shinrin-yoku

Tal como le sucede Romilly en Interstellar, podemos dejar ir todo lo que nos preocupe para regalarnos unas horas de recarga, y volver así de la naturaleza reconstituidos de cuerpo y de mente.

Los diez principios del shinrin-yoku propuestos en el libro de Héctor García y Francesc Miralles nos ayudan a alcanzar nuestro propósito de desconexión de la vida cotidiana:

  1. Báñate en verde una vez por semana. La ciencia ha demostrado que los efectos beneficiosos del shinrin-yoku para la salud se extienden durante varios días hasta una nueva inmersión en los bosques.
  2. Vive con mindfulness. La serenidad y la riqueza de estímulos de la naturaleza son un excelente campo de prácticas para la atención plena y para abrir nuestra percepción a los cinco sentidos.
  3. Abraza un árbol. Desde los antiguos celtas, existe la creencia de que tomar contacto con un tronco vivo nos recarga de energía a la vez que afloja las tensiones y ansiedades.
  4. Escucha el canto de los pájaros. Numerosos estudios han demostrado que el trino de las aves, incluso en una grabación, es terapéutico y facilita la concentración, la confianza y la relajación.
  5. Camina sin rumbo. Una vez cruzas las puertas de la naturaleza, olvídate de las prisas e, incluso, como el buen viajero, no quieras llegar a ningún lugar concreto; deja que tus pies y tu inspiración marquen el camino.
  6. Detente a respirar. Está científicamente probado que las fitoncidas que desprende la naturaleza incrementan nuestra protección contra numerosasenfermedades, además de levantar nuestro estado de ánimo.
  7. Escribe un haiku. Podemos llevarnos a casa un trozo de bosque capturandoel momento con un breve poema de nuestro puño y letra, o incluso inmortalizando lo que vemos con un dibujo en nuestro cuaderno.
  8. Inspírate en el wabi-sabi. En la naturaleza nada es perfecto, nada está acabado ni es para siempre. «La belleza de la imperfección» nos enseña a aceptarnos y a ver en nuestras carencias una oportunidad de crecimiento.
  9. Toma una taza de té. Después de un agradable paseo por la naturaleza, pero también en una pausa de la jornada laboral, una infusión de hojas del bosque nos devolverá la vitalidad, además de favorecer la atención plena.
  10. Siente el yugen. Experimenta el placer y la conexión profunda de ser uno con la naturaleza a través de la meditación, tanto si estás sentado o tendido como si eres consciente de cada paso. Formas parte del universo y el universo eres tú.

Anna Sólyom, facilitadora de cambios vitales

www.listentoyourself.org

 

* Encontraréis más información sobre los «baños de bosque» y la salud con los árboles en Integral 451.

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