¿De qué tienes miedo?

La importancia del miedo se revela cada vez más clara en los momentos actuales, así que vamos a hablar del miedo y los miedos.

Textos: Redacción de Integral, con informaciones de Jaume Rosselló y Dr. Miguel Luqui Garde.

Los expertos nos dicen que el miedo es un sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que va a suceder algo negativo. Se trata de la angustia ante un peligro que, y eso es muy importante, puede ser real o imaginario. La relevancia de ese matiz estriba en que aunque el peligro no exista por ser imaginario, el miedo, por el contrario, sí puede ser muy real. 

UN MIEDO QUE AYUDA

El miedo es una emoción muy útil para escapar o evitar los peligros, pero también es una barrera que puede interponerse en el disfrute de la persona y en caso de que sea excesivo, puede llegar a bloquear la vida cotidiana. Muchos de los trastornos más habituales tienen como origen el miedo a una situación real o posible, como la ansiedad, las fobias o los ataques de pánico.

La respuesta del miedo es autónoma (no la activamos voluntariamente de forma consciente). Se han establecido cuatro respuestas automáticas: huida, defensa agresiva, inmovilidad y sumisión. Existen otras respuestas fisiológicas, como veremos más adelante.

TEMOR Y MIEDO

La imaginación es quizá la fuerza más poderosa de las que dispone nuestra mente aunque nadie nos haya enseñado a usarla. Sin embargo siempre está en marcha, determinando o condicionando cada uno de los gestos, actitudes, movimientos y decisiones que adoptamos en nuestra poco consciente vida.

La mente posee la posibilidad de concebir imágenes de todo tipo, de forma pasiva o de manera activa, deseada y consciente. Esas formas imaginadas van a condicionar o incluso determinar nuestro comportamiento.

Cuando cae la noche, las formas que se proyectaban en la retina se desdibujan y lo que nos era familiar lo podemos imaginar monstruoso. Cuando tratamos de mirar hacia el futuro, donde todavía no ha llegado la luz, de nuevo lo imaginamos amenazante. Ante lo oscuro, lo desconocido, lo incierto, lo imprevisible, la mente proyecta imágenes en su necesidad de conocer y preparar al resto de las funciones para una respuesta útil y eficaz.

El temor es la expresión más ligera del miedo y ocupa un lugar necesario y positivo dentro del funcionamiento general de nuestra estructura. El temerario no suele tener conciencia de peligro y asume riesgos desproporcionados más por atolondramiento que por valentía. Tener conciencia de la propia fragilidad, saberse vulnerable, lleva a desarrollar actitudes defensivas eficaces para la supervivencia, incrementa la vigilancia y nos mantiene alerta. El temor es un rasgo de madurez que se nutre de la experiencia.

INCERTIDUMBRE

La incertidumbre respecto a lo que ha de ocurrir nos lleva a la prudencia y hace que vayamos con cuidado. El recuerdo de la experiencia dolorosa llevará a evitar relaciones o situaciones que pudieran reproducir el sufrimiento. Pero el miedo no da la prudencia como resultado, sino que induce a adoptar actitudes defensivas exageradas que paralizan, bloqueando la respuesta eficaz. Lleva a desarrollar prácticas que nos acaban aislando o induce a la huida o a la agresión desproporcionada.

Como emoción básica y común a todos los humanos, algo o mucho de miedo nos ha llegado a todos alguna vez. Pero para muchas personas no es una experiencia puntual y pasajera, sino un color que tiñe todos los actos de la vida, impregnando cada una de sus decisiones y movimientos. Tanto es así que si les preguntas de qué tienen miedo es probable que contesten sinceramente que no tienen miedo a nada, ya que se han acostumbrado de tal forma a vivir encogidos que son tan poco conscientes de ello como de su propio olor.

Flores de Bach contra los miedos

Los remedios del Dr. Bach evitan el desarrollo de situaciones que pueden llegar a ser dolorosas y debilitantes. Las gotas se toman cuatro o cinco veces al día.

REMEDIO                 MIEDO BÁSICO                                                             

Rock rose                Terror, pánico paralizante. Terrores nocturnos en niños.

(Heliantemo)             Vivencia momentánea.

Mimulus                   Miedo de cosas concretas materiales, como la enfermedad,

(Mímulo)                    el dolor, los accidentes. Fobia. Vivencia continuada.

Cherry plum           Miedo a sí mismo, a perder el control. Incluye un

(Cerasífera)                componente obsesivo.

Aspen                         Miedos o presentimientos de cosas invisibles, sin razón

(Álamo temblón)       o motivo explicable. Miedo de las propias fantasías.

Crab Apple               Miedo mezclado con sentimiento de culpa. Sentimiento de

(Manzano silvestre)   suciedad interna. Temor del contagio, de la contaminación. Star of Bethlehem Para las consecuencias de haber sufrido miedo, o después

(Leche de gallina)       de un susto o shock. Casos agudos y crónicos.

LA MONTAÑA DE LOS MIEDOS

Si pudiéramos hacer un corte en el alma justo en la zona donde se asientan los miedos, distinguiríamos diferentes capas o estratos, como los que vemos en una montaña seccionada. Encontraríamos, en la zona más superficial del alma, los miedos adquiridos recientemente y las experiencias en que hemos sentido la proximidad de un cambio dramático en nuestra vida. Emociones que han cristalizado en nuestro interior dejando una marca significativa. Aquí los miedos son tan variados como las diferentes personalidades.

Un poco por debajo de éstos hallamos los miedos heredados de nuestra familia más próxima, los miedos de nuestros padres y abuelos que hemos adquirido miméticamente, reflejados en gestos y actitudes, incorporados sin darnos cuenta y pertenecientes a experiencias vividas por ellos en guerras, hambrunas o enfermedades de las que apenas tenemos noticia.

En las capas más profundas, en las que sólo encontramos los elementos de la estructura mineral del terreno, observamos los temores también elementales, propios de la especie, los que se refieren a la conservación de la vida y de la propia identidad, a la subsistencia y a la trascendencia.

Esta montaña de miedos, con diferentes altitudes, composición y plegamientos de sus capas según las personas y los momentos, ha de ser sobrellevada, contenida, erosionada o hasta extinguida mediante técnicas y artimañas, algunas heredadas y otras aprendidas, con el fin de evitar, o al menos paliar la asfixia de cargar con semejante peso.

El miedo limita la experiencia vital, nos mantiene en el estrecho círculo de lo conocido, de lo que creemos controlado, impidiendo el desarrollo pleno de las cualidades personales. La presión del miedo nos debilita, socava nuestras fuerzas y capacidades, es síntoma y motivo de enfermedad.

Si los mecanismos de defensa elaborados por la mente para evitar la angustia son exagerados, el éxito de la experiencia vital se perderá, impidiendo la relación, el gozo y hasta la independencia. Elaboramos una muralla para protegernos y nos encontramos presos en su interior.

LOS TRES REINOS DEL MIEDO

En los seres humanos la variedad de formas reactivas frente a la amenaza es inmensa, ya que adopta mecanismos que provienen de los tres reinos –animal, vegetal y mineral– que de algún modo lo conforman. El predominio de unas cualidades u otras configura diferentes tipos de personas. Observarlo en nosotros mismos y en quienes nos rodean suele ser liberador.

  • El tipo mineral se protegerá con la dureza, la obstinación y la perseverancia, tenderá a estructurar con rigidez su entorno y su propia vida. Limitará su interés a lo que se pueda pesar, contar y medir. La acumulación de materia será un recurso protector frecuente que le puede llevar al exceso de grasa en el cuerpo y a una actitud miserable y avara en su mente
  • El tipo de respuesta predominante vegetal añadirá espinas a su coraza, cosa que no facilita precisamente la relación con ellos. La elaboración de venenos y sabores desagradables, disuasorios para los que se quieran acercar, forma parte de los mecanismos defensivos de las plantas.

También la belleza seductora, la dulzura y el perfume serán sus estrategias de supervivencia.

  • El animal toma la dureza de lo mineral y la manifiesta en dientes, cascos y cuernos. La habilidad de moverse para buscar comida, defenderse o atacar son rasgos de las formas de protección del carácter animal.

Destruir lo que nos amenaza o huir de ello son las opciones del tipo animal para mantener íntegra su individualidad. El exceso de movimiento y de agresividad, tanto a nivel individual como social, habla de la cantidad de miedo que se esconde debajo.

MECANISMOS DEFENSIVOS

Más allá de las capas del miedo y de las estrategias de supervivencia se encuentra la solidez, protectora y nutricia, de la roca madre. La persona que ha sido capaz de asumir como propios todos los estratos y depósitos que han dado forma a su terreno se libera, en parte, del miedo incluyéndolo en sí misma, sin negar la fragilidad y transitoriedad de su vida, afirmando ambos pilares con conciencia y voluntad. Desarrolla así la cualidad de la presencia en el mundo propiamente humana, con temor y sin miedo.

El camino opuesto es la negación. Como el niño que se tapa la cara y dice «no estoy», muchos tratan de huir de las fantasías que les amenazan a través de la inconsciencia. Si no lo veo, no está. Ese ingenuo mecanismo de defensa funciona durante un tiempo, pero enseguida se harán presentes todos los miedos a la vez, provocando el temido ataque de pánico.

Hay quienes construyen defensas mucho más elaboradas, muros, sistemas de seguridad, armas, y en este asunto la imaginación y el esfuerzo se han empleado a fondo, con la ilusión de establecer una Arcadia feliz detrás de la muralla. Pero la realidad es mucho más perseverante: el accidente, la enfermedad, el tiempo, la muerte, quiebran la defensa. Tan fuerte y eficaz fue ésta como tremendo el terror que su ruptura va a producir.

 

LUZ EN LA OSCURIDAD

El pánico es el grado extremo del miedo. Su vivencia enloquecedora incapacita la mente y el cuerpo para la respuesta ordenada. En un instante, la experiencia aterrorizadora cambia la vida. Quien lo ha experimentado sabe que hay un antes y un después del ataque de pánico. El temor a que se repita tan desagradable experiencia es fuente en muchos casos de ansiedad constante, y requiere tiempo y paciencia deshacer ese bucle formado por el miedo de sentir miedo.

El otro pilar que permite la estabilidad es el conocimiento de las propias fuerzas y capacidades y su relación con el poder que se expresa en el río de la vida.

Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.

Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.

Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que nos asusta.

Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, ingenioso, maravilloso?

En realidad, ¿quién eres tú para no serlo? Eres hijo del Universo. Y el hecho de jugar a ser pequeño no sirve al Mundo.

No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.

Nacemos para hacer manifiesta la gloria del Universo que está dentro de nosotros.

No solamente de algunos de nosotros: está dentro de todos y cada uno.

Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo.

Y así, al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.

(Nelson Mandela)

Más sobre el miedo en los números 438, 442 y 457 («Los dos lobos») y, en el próximo número, «El miedo, los miedos».

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